martes, mayo 01, 2012

ESTAMOS LEYENDO ... "HERMANO", DE JOSÉ LUIS SERRANO



Me comentaba hace algún tiempo un viejo amigo, escritor y gay, que la llamada literatura gay se había venido convirtiendo en una acumulación de historias romanticonas sin demasiado interés, llenas de lugares comunes y faltas de técnica y vuelo literario. Confirmo a grandes rasgos esa lectura, a pesar de que podamos encontrar novelas excepcionales escritas o protagonizadas por personas lgtb, a pesar de que incluso adentrándonos en las procelosas aguas de la literatura de género, y más precisamente de la literatura gay, hallamos encontrado páginas para el entretenimiento, para una tarde agradable, para un par de lágrimas. Sobre todo para reconocernos como en un espejo en las venturas y desventuras de los personajes. 

Cierto escepticismo te obliga a coger con cierta prevención tan peculiares títulos. Más cuando han sido escritos por un amigo, por alguien a quien aprecias de manera sincera. A coger el libro casi rezando para que como mínimo sea aceptable, razonable. 

No me he encontrado con una obra cumbre de la literatura universal al leer Hermano , de José Luis Serrano o, más bien, elputojacktwist. Pero sin duda me he encontrado con una buena novela. Escrita con maestría, con dulzura, con ironía, llena de fuerza en las contemplaciones y en las descripciones y de ácido corrosivo en las divertidísimas miradas al marimundo provinciano.

Tres libros en uno. Un libro de viajes, inciático, en el que el protagonista se enfrenta a Birmania a sus costumbres, a sus personajes, a sus paisajes. Revisitando lugares sin duda conocidos y amados por el autor desde una perspectiva romántica y evocadora que teje un imán alrededor del país incluso para quienes padecemos de un virus occidental en nuestra agenda de intereses. El encuentro con una tierra cargada de símbolos, de magia, sobre todo de una tierra diferente, de unas gentes diferentes cuyos códigos, cuyos colores, necesitas aprender y aprehender. Un segundo libro, una narración romántica, la crónica de un enamoramiento, la aproximación del narrador al muchacho delgado, exquisito, de peculiares formas y olores, de seductoras sonrisas, de movimientos que imaginas gatunos cuando lo presenta jugando con su pelota de ratán (tictactictactictac). Una historia en la que la carne no se manifiesta y que se convierte en espejo de todos los que hemos sufrido esos amores platónicos, idealizados, ante ese muchacho maravilloso por una u otra razón, que sabiéndolo o no ha jugado con su atractivo para apostar fuerte contra nosotros, que nos ha hecho temblar de emoción o de ansiedad esperando el momento en el que la camaradería, la complicidad, el roce accidental, llegaran a convertirse en una caricia, un abrazo, un te quiero, una noche de sexo abierto y encendido. Una historia difícil de cortar porque no llegó a dar comienzo, no en la forma esperada, y que satura nuestros pasados de muchachos birmanos. O de juanes, diegos y óscares.

Un libro escrito con exquisita sencillez, buscando la palabra precisa para pintar colores y emociones sin excesos ni ñoñerías. Y que de tanto en tanto rompe (no he visto este dato resaltado en algunos de los apuntes y crónicas sobre el libro pero me parece brillante y fundamental) en un homenaje a las criaturas de Mendicutti o simplemente a esa realidad de la marica mala pero que muy mala en los sabrosos monólogos telefónicos de una prima provinciana y malapécora que nos lleva de habladuría en habladuría y de majadería en majadería en un retrato fresco y nada sutil de ciertos personajes bien conocidos y experimentados. Un humor capaz de reconstruir el enunciado del "efecto mariposa" explicando que "si una marica se la chupa a un negro en una sauna filipina un gay de Valparaíso no se comerá una polla en un mes".

Hojeé Hermano nada más recibir el encargo, y ya me sentí cómodo, transportado al hermoso afecto que se nos contaba, a las ácidas maledicencias y a las postales fascinantes. Y por fin lo he leído con detenimiento en estos días, encontrando un lenguaje dócil y amaestrado, directo y encantador, capaz de entreverar las páginas saltando del viaje al amor, del amor al impúdico cotorreo, del cotorreo al viaje, sin dejar caer la tensión, sin dejar de envolver tu mirada y atrapar al lector avezado en una tela de araña de tinta, papel y palabras. Un pequeño placer. Una gran satisfacción. Unas horas de vuelo libre al paraíso regaladas con generosidad por la mano maestra de un buen amigo: José Luis, ¡gracias!

domingo, abril 29, 2012

PUESTA EN ESCENA DE UN DESPIDO




Me cuentan ayer que en un organismo público de Cantabria han encontrado una puesta en escena para ejecutar los despidos especialmente perversa y colorista.

Se reúnen los nuevos y populares responsables del asunto, de uno de los cuáles un buen amigo me ha jurado y perjurado que es una gran persona, para elaborar la lista negra que, tras varias listas negras precedentes, ha de concretar el finiquito inmediato de un tercio de la plantilla restante. Acto seguido, se reúne en una bonita sala a todo el personal y de forma pública se va llamando uno por uno a los elegidos, como si se tratara de una versión dramática de Gran Hermano en la que te gritan en alto y ante toda la audiencia que estabas nominado y que te toca abandonar la casa de Guadalix.

Seguro que el uno, la gran persona, y el otro, el rey de las coderas horteras, son dignos y respetables pilares del nuevo orden social. Pero su forma de actuar es la de una fementida canalla, la de unos macarras de la moral, la de unos miserables.

Porque al margen ya de lo que hoy pueda suponer un despido, en un momento de crecimiento constante del paro en un tiempo de túneles oscuros que se limitan a ahondar su recorrido hacia el fondo del pozo, tan sugerente puesta en escena, con los toques melodramáticos que acompañan a la sobreactuada lectura, implica algunos matices más. Habla de la estrategia del miedo, de la necesidad de los canallas de regocijarse en el desconcierto, en la incertidumbre, en el temblor de quienes aún no saben si forman parte de la lista. Habla de la humillación gratuita, de incorporar un plus de vergüenza y de escarnio en el momento de arrear un mazazo que, como mínimo, debería haberse descargado en la intimidad, sin espectadores. Habla de la chulería de quienes se sienten hoy salvadores de no se sabe bien qué patria, de quienes pisotean sin reparo los derechos y la dignidad de millones de ciudadanos con cada nuevo viernes, mientras trabajan duro en la instauración de un nuevo régimen, la Dictocracia. Habla de prepotencia, de mala educación, de falta de respeto. De miseria moral.

Cuando me lo contaron, se me vino por un momento a la cabeza esa escena al final del musical A Chorus Line, en la que el perverso director finaliza el casting y va llamando por su nombre a los doce chicos y chicas elegidos. No para formar parte de la línea de coro que da título a la obra, sino para ser expulsados de sus sueños. Un momento que en la versión cinematográfica se recrea con un travelling por los rostros de los agraviados para hacernos notar la decepción, la humillación, la resignación, la vaga dignidad de quienes saben que están rotos y que no tienen más opción ya que coger sus bártulos, ducharse y regresar a la jungla de Nueva York.

Unos modos con fuerte tensión emocional para una obra de teatro o una película. Unos modos que en la vida real nos hablan mucho de la indecencia, de la indignidad, de la impunidad con la que hoy se nos gobierna. 

Que ya dije que seguro que mi amigo tiene razón, que son dos personas excepcionales. Pero a mí me producen, qué le vamos a hacer, un excepcional asco.

sábado, abril 28, 2012

FERNÁNDO ÓNEGA NO QUIERE PAGAR CAMBIOS DE SEXO



Andaba yo retrasado el pasado 18, tratando de terminar unos papeles, cuando lejos de mi costumbre y más por tener algo de ruido de fondo encendí el televisor. Andaban en La Mañana de La 1 comentando los tertulianos la broma pesada de Ana de los Jaguares Mato y su reforma sanitaria.

Como es costumbre, participaba en la tertulia, en su condición de Todólogo  oficial del programa Fernando Ónega. Un periodista que ya ha tenido en algunas otras ocasiones comentarios desafortunados sobre la transexualidad y sobre algunas personas transexuales. Y así andaban valorando algunos puntos cuando la conductora principal del programa sugirió hablar de la medida que proponía limitar el número de vasectomías, ligaduras de trompas (como que la Mato va a aprobar medidas para que haya menos niños) y fecundaciones in vitro (como que la Mato va a aprobar medidas que fomenten la natalidad por un medio diferente de la postura del misionero). Tomó la palabra presto y raudo Ónega para explicar "Ese tipo de operaciones ... Cambio de sexo habría que añadir. Como no me parecen de primera necesidad me parece correcto que se controlen y en algún caso que se excluyan: Yo no tengo por qué pagarle el cambio de sexo a nadie". Con un tono especialmente airado y desafortunado.

Me llamaron la atención algunas cosas. La primera de ellas, que si mal no recuerdo en España la gratuidad de las operaciones de reasignación de sexo no es gratuita salvo en un par de comunidades autónomas. Probablemente por eso, y siempre si no recuerdo mal, no había mención en los recortes de Mato a dichas operaciones. Sigue llamándome la atención que con tanta urgencia y enfado ponga sobre la mesa un tratamiento que no se está cuestionando ni analizando en el programa, para pedir no ya que se controlen sino que directamente se excluyan porque se niega a que sus impuestos tengan ese destino. Y que lo califique poco menos que de capricho.

Podríamos recordar a don Fernando que los ciudadanos en este país tenemos poco margen de decisión sobre el destino de nuestros impuestos y que de alguna manera son las políticas públicas, a partir de análisis de expertos y no de todólogos, los que toman decisiones (más o menos afortunadas) sobre lo que es de primera necesidad. A mí me parecen prescindibles muchas otras cosas, y en efecto hay muchas políticas sanitarias que personalmente ni me afectan ni me implican, lo que no significa que su aplicación no sea deseable o conveniente. Podríamos recordar la baja incidencia estadística de la transexualidad, recordando que se trata de tratamientos más bien excepcionales y a los que desde luego no se puede atribuir el déficit sanitario. Añadir algunos puntos más como el carácter de primerísima necesidad que supone el proceso completo de reasignación de género para las personas transexuales, que pueden vivir en un infierno con importantes derivas para su salud física y mental si no reciben la atención adecuada. Una atención que además está fuera del alcance de muchas personas trans precisamente por ser este colectivo, según datos de la Unión Europea, el que mayor riesgo de exclusión social padece en el continente, muy por encima de los datos de población gitana y otras minorías étnicas, imagino que por la proliferación de personas como Fernando Ónega deambulando por nuestras calles.

Un argumento más que le hubiera convenido valorar, es la eficiencia económica de las intervenciones de reasignación. Porque sin duda es mucho más barato para la sanidad pública enfrentar esta necesidad real con intervenciones controladas que actuar después ante los posibles efectos secundarios, algunos bien graves, de una hormonación incontrolada o de un tratamiento inadecuado. Efectos que sí vendrían cubiertos por la sanidad pública por mal que le parezca al señor Ónega.

Algunos habituales estarán esperando a que le califique de homófobo, para así echarme en cara como en otras ocasiones lo rápida que tenemos la pluma para el uso de ese calificativo. No voy a hacerlo. En primer lugar porque la palabra correcta, aun sin estar recogida por el diccionario de la RAE, sería tránsfobo. Y sobre todo prefiero señalar su ignorancia supina en todo lo que a transexualidad se refiere, así como su agresividad impertinente, una agresividad que viene a demostrar que quien de verdad tiene un problema con la transexualidad es el propio Ónega.

¿Ligaría en ese pueblo de Galicia del que procede, y que ya coronó de gloria diciendo que allí sí tendrían claro lo que hacían con estas personas, con una estupenda señora que al final le deparó una sorpresa de la que no ha sido capaz de reponerse? Qué malos son los traumas, don Fernando, qué malos. Y qué mala la ignorancia por mucho que proceda de esa boca suya que usted quiere tan sabia y a veces es tan torda.

viernes, abril 27, 2012

¡LA EPISCOPALIDAD SE CURA! (Carta a mi blog de un ex-obispo)


Dentro de sus obsesiones compulsivo-frenético-enfermizas con la homosexualidad, Monseñor Reig, ordinario de Alcalá de Henares, después de enviar al infierno a todos los homosexuales, con especial hincapié en los frecuentadores de locales de hombres nocturnos, ha decidido continuar su campaña de curandero iluminado publicando en la web de su obispado complutense cartas agradecidas de gays que por la gracia de Dios han sido curados de su perverso estilo de vida.

Pero para enfermedad enfermedad la furia episcopalis o episcopalidad galopante. Una grave alteración de las neuronas y del sistema emocional que provoca desórdenes histéricos, anula la humanidad, amordaza la capacidad de raciocinio y condena al individuo a un oscurantismo fanático que le condena a la disociación temporal y al convencimiento de que no hemos salido de una Edad Media en la que la plaga episcopal campaba por sus respetos.

Hemos recibido en este blog pecador donde los haya la carta de un ex-obispo, Monseñor X (pidió que respetáramos su anonimato), para contar su experiencia y dirigirse a los afectados de episcopalidad galopante explicando que su enfermedad se puede curar.

"Yo era un desgraciado. Vivía en un infierno de hombres oscuros, de extrañas vestimentas y personalidad insatisfecha, de modos amanerados, lengua viperina y universo autorreferencial que poco a poco me fue obligando a olvidar la realidad, a priorizar como tema de conversación básico la última moda en casullas y las ofertas de verano de las tiendas de imaginería. En ese infierno, habitaba yo como drogado por el penetrante olor a moho revenido de las sacristías, como abotargado por el infinito olor a polilla y polvo de las basílícas y catedrales, como ensimismado por la peste a sudor reseco y a pellejo rancio de las beatas y los sacristantes. Sólo la angélica inocencia de los monaguillos adolescentes a los que en mi desolación transformaba en turbios y provocativos efebos, sólo la dulzura de las mansas jovenzuelas que se postraban ante mí y para contarme sus encendidos amoríos y sus ocultos deseos abrían lujuriosas las vírgenes bocas, era capaz de sobresaltar lo poco que de humanidad en mí quedaba.

Adiestrado a una disciplina militar, férrea, sectaria y violenta, convencido de que cualquier gesto que implicara abrir el corazón hacia el mundo sería contestado por mis superiores y mis iguales, me empujaría fuera de la secta en la que mi mediocridad intelectual había encontrado regocijo, acomodo y patada hacia arriba, me arrancaría del cómodo sitial para obligarme a vivir en un mundo hostil en el que yo ya no sería nada, ya no sería nadie, me acomodé a los placeres mansos, a los gestos de damisela, a la altiva presunció de galas exquisitas llenas de bordados, a descansar la mano sobre muslámenes tibios, me acostumbré a juzgar, a humillar, a denostar, y empujado por la fiebre fanática que mi enfermedad provocaba, gritaba más que nadie y condenaba a todo quisque a las penas de un infierno que entonces no sabía estaba en la propia oquedad que ocupaba en mi pecho el lugar donde debiera haber estado un corazón.

No sé cómo fue. Algunos amigos que todavía no se habían apartado de mí asqueados por mi purulenta y pastosa moralidad decidieron ayudarme. Y no sin esfuerzo me empujaron a la lectura, al cine, a la música, me acompañaron a ese mundo donde yo veía infierno, vicio, corrupción y en el que sólo hallé vida, plena, dolorosa a veces, exultante otras. Sin tardar mucho en sentir cómo refrescaba mis pulmones un nuevo aire en el que los placeres de la carne eran un bien, una fiesta, una entrega entre dos personas que se aman hasta la consumación. En sentir cómo mi sangre bombeaba sin prejuicios y sin escorias milenarias hacia mi cerebro y me permitía pensar y sentir, esas dos grandes actividades atrofiadas durante años por mi condición de obispo. Y comprendí que Dios nos quería festín y vida y no pústulas y negación.

Con cuánto dolor observo ahora los años extraviados en los infiernos de esa enfermedad que me corroyó las entrañas, que me dejó sin alma y que me robó lo mejor de la vida. Cuánto sufrimiento observo en quienes se reúnen en los Días del Orgullo Episcopal, sínodos y concilios varios, para celebrar su propia discapacidad y hacer ver que es noble y digno lo que no es más que un virus que no mata la carne sino el alma, que pudre la conciencia y te convierte en un sucio hipócrita.

A todos los que aún permanecéis bajo las garras y la fiebre de tan dura enfermedad, a quienes pensáis que nunca podréis sanaros de la Episcopalidad Galopante, os animo y exhorto. La gran noticia es que la Furia Episcopales tiene cura. Salid a la calle, hablad con la gente, amad, entregar vuestros cuerpos y vuestras almas, disfrutad, reíd, pensad, adoptad un perro abandonado, encontrad una mujer o un hombre que os acompañe en el día y en la noche, en la mesa y en el lecho, leed poesía, disfrutad de las mejores novelas, id al cine no a escandalizaros sino a regocijaros con la divina luz de la creación que cada día estalla en el arte, no juzguéis, pues sólo así os libraréis de ser juzgados. Haced el bien. Respetad. Vivid.

Abandonad como yo lo hice un estilo de vida ingrato a los ojos de Dios y de la sociedad. Crecer como personas y descubrir todo lo que de hermoso hay en el mundo está a vuestro alcance, como lo estuvo al mío. Ser obispo, amigos, hermanos, camaradas, no es una enfermedad mortal, una condición inexorable: ¡Tiene cura! Pero sólo para quienes de verdad aceptéis el infierno en el que venís deambulando y pidáis perdón por el daño que vuestro fanatismo absurdo e irracional continúa haciendo cada día.

Yo me curé. Vosotros podéis curaros. ¡Aleluya!¡Aleluya!¡Aleluya!"


(Firmado, Monseñor X, ex afectado por la Episcopalidad Galopante, Ex-obispo)

lunes, abril 16, 2012

INSTITUCIONES MEDIEVALES, COSTUMBRES MEDIEVALES, PRIVILEGIOS MEDIEVALES


Como a Su Majestad debió de resultarle divertida, ajena y deliciosamente plebeya la polémica suscitada hace algunos años, cuando se hizo público su heroico asesinato de un oso borracho por Transilvania, continúa según hemos sabido estos días dedicándose a gastar dinerales ajenos en la regia actividad de la matanza de fieras, tan cara a las testas coronadas que, por puro homenaje a sus raíces, parecen sentir una vampírica y enfermiza predisposición hacia las armas y la sangre.

Una actividad que la Casa Real debe de sospechar especialmente antipática, ya que se ha venido guardando silencio sobre las cacerías reales. O especialmente hipócrita, ya que no es de recibo que quien figura como Presidente de Honor al frente de uno de los más reconocidos organismos conservacionistas internacionales, el World Wildlife Fund (ADENA en España) tenga como pasatiempo abatir especies en peligro de extinción, caso de los elefantes africanos. Diga lo que diga la legislación de Botswana, diga lo que diga el discurso en vigor del poderoso caballero don Dinero.

Pero con la mala pata que persigue a don Juan Carlos en su ya provecta edad, una pata que pisa a la virulé y le hace rodar, rodar y rodar (cosas de las rancheras, pero ya se sabe que sigue siendo el rey), vienen los accidentes, las caderas resquebrajadas y las fotos prontamente retiradas de las webs en las que al parecer colgaban desde hace tiempo pero que el vertiginoso ritmo de la red ha sabido salvar para mostrarnos, provocando que la discreta reserva real se haya convertido en real escándalo a voces.

Me considero republicano, por pura racionalidad y por pura coherencia con el modelo de sociedad que me gusta y que defiendo. Puedo entender que se haya querido mantener una institución premoderna en la Constitución Española por miedo a seguir otros pasos, puedo entender menos el pacto de silencio que los medios españoles parecen haber firmado y seguido durante años para mantener la imagen de la Casa Real limpia e inmaculada ante la ciudadanía. Pero llega el momento en el que deberíamos plantearnos si de verdad queremos una monarquía, y en el que las manchas que siempre se nos han ocultado van quebrando las grietas de la realidad y accediendo al conocimiento común para demostrarnos que los Borbones han vivido siempre en los mundos de Yupi, fuera del mundo, cumpliendo con las funciones constitucionalmente encomendadas pero al mismo tiempo saltándose las normas gracias a sus privilegios y a la condescendencia con la que políticos y periodistas continúan guardándolos. Los devaneos del rey se fueron colando por las rendijas; también acabamos por enterarnos de que había amistades peligrosas cada vez que saltaba una red turbia de evasiones o favores; luego vino la reina a romper la debida neutralidad, para hablar con desparpajo de decisiones políticas y de derechos cívicos que a la señora parecen no gustarle; aparecieron los escándalos de la nueva generación, y con ellos la sensación de que definitivamente no todos los españoles somos iguales ante la ley. Y ahora se nos hace dolorosamente presente un rey dedicado a esconderse detrás de un arma,bien acompañado y guardado, para asesinar fieras en África, un asesinato que no puede tener otro sentido que el de acumular macabros trofeos que pongan cachondo a su propietario, en una demostración material de poder, de dinero, de impunidad, así como de gusto hortera, de crueldad y de hipocresía.

No sé, ya no sé si me creo, si es cierto que la monarquía garantizó la estabilidad en los difíciles años de la Transición. No sé si es cierto, no sé si me creo ya, el papel tantas veces resaltado de don Juan Carlos en la noche del 23-F. Pero sí sé que un rey que en unos momentos tan difíciles para sus súbditos se dedica a marcharse de safari, un rey que ignora la profunda repugnancia que su afición implica para tantos españoles, un rey que actúa clandestinamente, un rey incapaz de medir la moralidad de sus acciones, un rey que no tiene reparo en presidir conferencias para salvar la biodiversidad por la mañana y en acribillar osos, búfalos y elefantes por la tarde, es un rey que debería ir pensando seriamente en pasar a la reserva. A la del Sherengueti, por ejemplo. Y llevarse con él a la familia y a la institución.


miércoles, abril 11, 2012

ONCE DE ABRIL


Pudo haber sido hace muchos muchos años, por la huella, la intensidad, el peso de tanta ausencia. Pudo haber sido ayer mismo, por la imagen vívida de las horas que precedieron a aquel primer encuentro. El caso es que fue un once de abril, en el medio de una Semana Santa, cuando viajé a Madrid, en dirección T-4 para recibir al vuelo de Iberia Montevideo-Madrid que aterrizaría a las siete de la mañana.

Fue una tarde agitada la de la víspera. No era un buen momento para hacer días en Madrid, como al principio habíamos pensado, así que se trataba de dejar la casa lo más presentable posible, de sacar un buen rato a Glenda y dejarla bien relajada porque tardaría unas horas en volver al parque. Se trataba de picar algo, de tomar una tila que de todas formas no sirvió para nada, de llegar a la Estación de Autobuses de Santander y coger el supra nocturno de la Continental para llegar a Avenida de América, coger el autobús y bajar en la T-4 sólo dos minutos antes de que se anunciara el aterrizaje esperado. Tiempo más que ajustado para tomar un café y un bollo que me aliviaran del peso de una noche en estado pre-histérico, sin pegar ojo en el autobús, mirando cada cinco minutos el mensaje que unas horas antes me había llegado al móvil "Voy a embarcar. Que no se te olvide ir a recogerme :-) ". Y una foto en la que estaba diciendo adiós a su madre, su sobrina, sus amigos de allá, junto a una maleta mucho más grande que él.

Qué difíciles habían sido los meses anteriores. Esos meses en los que decidimos que nos queríamos dar una oportunidad tras mucho tiempo, muchas horas compartidas hablando y hablando y hablando. Meses en los que nos dimos cuenta de que a este país resultaba casi imposible llegar con los papeles en regla, en que comprobamos que muchas personas miraron hacia otro lado para no hacer unos mínimos esfuerzos, a veces un simple papeleo, que hubiera permitido adelantar el permiso de trabajo, el visado, los malditos trámites, unos cuantos meses. Unos esfuerzos mínimos, creo que a veces más que merecidos por mi parte, que no se hicieron con disculpas, mentiras, engaños (hasta llegaron a cobrar por las gestiones que no habían hecho), y que nos hubieran regalado meses de felicidad juntos.

Llegué a pensar que, simplemente, era imposible, estuve a punto de tirar la toalla. Pero Isabel, Pili, Araceli, Agustín, Miguel, son nombres a los que siempre agradeceré su particular aportación para que un sueño fuera posible.

Me temblaban las piernas, hora y media más tarde, cuando después de aduanas y papeles y controles de pronto Leo amanecía, llenando de sol aquella mañana de primavera, por la puerta de llegadas. Muchos adjetivos, sí, podrían aplicarse a Leo y seguro que tímido no es uno de ellos. Pero llegaba cansado, con una sonrisa apenas esbozada, buscándome con los ojos, creo que con esa incertidumbre que siempre acompaña a los grandes cambios. Y casi vencido por una maleta que le doblaba en tamaño y en peso, a él, a Leo, tan menudo.

Nos fundimos en un abrazo, en unas primeras palabras, tratando de contener los nervios. Y comenzamos a construir ese tiempo, ese breve tiempo, en el que intentamos hacer de los dos uno. Pronto el paseo por Madrid, el desayuno, el almuerzo antes de subir al tren, la llegada a casa cargados de trastos, el recibimiento de Glenda, el primer paseo los tres por Santander, la excursión del domingo a Pedreña para iniciar a Leo en los milagros de la gastronomía española, delante de unas espléndidas almejas a la sartén, unas gambas a la plancha, unos chipirones encebollados y unos bocartes, bien acompañados por un delicioso Rias Baixas (Mar de Frades) bien bien frío. Pronto la primera tortilla de patatas que le preparé para cenar y que me obligó a pelar patatas noche tras noche, semana tras semana.

Aprendimos a comprendernos, a convivir, a aceptar una parte de las rarezas y particularidades ajenas. Discutimos un par de veces, y fuimos capaces de salir de la crisis. Compartimos Madrid, Lisboa, París. Me reveló tantas veces su humor, su vitalidad, su amabilidad, su acidez. Nos acurrucamos contra el frío en el sofá, compartimos la cama y el placer. Caminamos en par por la vida.

Compartimos el hospital y la enfermedad, y nos hicimos así fuertes, más fuertes. Pero no tanto como para esquivar el golpe: Decían en una inscripción funeraria griega que "los elegidos de los dioses mueren jóvenes". Y algún dios celoso debía de habitar más allá de las nubes, soñando con la sonrisa infinita de Leo, algún espíritu más fuerte que el amor y que las ganas de continuar luchando. Dejando para siempre la imagen de un Leo hermoso, joven, vital, sexy, enérgico, lleno de carácter, protagonista de tantas anécdotas. Un Leo lleno de luz que atrapaba como un imán las miradas.

Un Leo muy pequeño, menudo, escondido detrás de una enorme maleta, que se marchó dejando una ausencia gigantesca, un dolor infinito, una herida en el alma...

martes, abril 10, 2012

RESACA


Definitivamente, tengo que recuperar el pulso del blog. Antes de que se les siga pasando el arroz a muchas de las reflexiones y noticias que deberían haber aparecido en esta página.

Ya más de una semana del 12 Congreso Regional del PSC-PSOE, así que irá siendo tiempo ya de poner por escrito algunas reflexiones tras la victoria de Rosa Eva Díaz Tezanos en la pugna por la Secretaría General frente a la candidatura de Paco Mañanes, quien como ya sabéis era mi opción.
Uno. No creo que otro sistema de elección hubiera alterado el resultado. Pero sigo convencido de que los partidos en general y el PSOE en particular necesitan un modelo de participación y toma de decisiones más abierto, más integrador, capaz de dar mucha más voz a una militancia que se merece un mayor valor. En estos tiempos el mantra "un militante, un voto" ha sido aglutinador de quienes piensan, pensamos, que es necesario que la Secretaría General se elija por sufragio universal y no a través de un sistema de delegados. Los mismos, imagino, que consideramos que sería bueno que nuestras candidaturas se decidieran a través de primarias a la francesa o a la americana, arbitrando un sistema de participación también para simpatizantes. Sevilla optó por aplazar la decisión. Lo mismo Cantabria. Para una conferencia de organización que se celebraría (tras el último aplazamiento del aplazamiento) en otoño. Creo que es una decisión que se debería tomar en congreso, creo que es una decisión que no debería depender de una conferencia con una fuerza representativa y obligatoria más bien discutible pero ... así están las cosas. Veremos.

Dos. La victoria de Rosa Eva Díaz Tezanos ha sido clara en Cantabria. Conforme a los procedimientos reglados, el partido ha hablado. Nace una dirección que, desde luego, no va a tener fáciles ciertas disculpas a las que ya nos habíamos acostumbrado y que reiteró Lola Gorostiaga en su intervención durante el Congreso. De esa nueva dirección dependen ahora las decisiones, estrategias, contenidos y acciones. Por mi parte, y como no puede ser de otra forma, acepto un resultado que no me convence. Y, como siempre he hecho, trataré de colaborar donde se me reclame y trataré de no molestar donde se prefiera que no esté. La lealtad a las instituciones y los órganos me parece un componente importante del juego democrático.

Tres. No nos confundamos. Ser leal, aunque muchos confundan términos, no significa seguidismo ni silencio. Como ciudadano, cuento con mis propios espacios y mis propias reflexiones, y entre esos derechos que me reservo con celo, uno es el de mi carácter crítico. De hecho, no formar parte de órgano partidario alguno lo que hace es darme mucha más libertad a la hora de mirar y de evaluar. La ausencia de crítica es parte de un carácter conservador que no va conmigo. Y que no debería formar parte de la cultura política de un PSOE en el que pesa demasiado el adagio de Guerra, enunciado tiempo ha, de que quien se mueve no sale en la foto. Porque creo y seguiré creyendo que en tiempo, lugar y modo, una voz crítica es mucho más leal que los silencios.

Cuatro. Como muchos sabéis, con independencia del resultado del 12 Congreso, mi decisión, ya desde hace mucho tiempo, era la de dar un paso atrás. Muchas decepciones, muchas razones personales que nada tienen que ver con lo político, mucha ausencia, demasiado peso y demasiado gasto de energías que necesito para otros proyectos y para afianzar otras decisiones.

Cinco. Trabajar para una sociedad en avance, en progreso, en cambio, en mejora, en transformación no es una tarea que dependa en exclusiva de los espacios partidarios. De hecho, y en espera de que ojalá se vuelvan a tejer redes complejas y creativas entre sociedad y partidos, de que ojalá se recupere el diálogo y sea posible un nuevo pacto de cambio y crecimiento, tal vez sea mejor trabajar desde ámbitos sociales. No renuncio a mis ideas, claro que no, pero pienso que ha de haber nuevos desafíos que permitan intervenir en una nueva conciencia social. Tendréis noticias.

Seis. Mis mejores deseos y mi enhorabuena para Rosa Eva Díaz Tezanos y para quienes desde hace unos días dirigen los destinos de los socialistas cántabros. Unidos a mi profundo agradecimiento por su trabajo y su compromiso de años a Paco Mañanes, un amigo, un líder, una referencia. Y para quienes regalasteis tiempo y esfuerzo para que el partido que soñábamos pudiera haberse hecho posible. Sabéis que contáis con mi cariño, con mi reconocimiento y conmigo siempre que me necesitéis. Mi felicitación también para quienes trabajasteis junto a Rosa Eva y formáis parte de su victoria. Más allá de rifirrafes y desencuentros a lo largo de estos meses, su triunfo es también el vuestro. Ahora, fuerza y al lío, que hace falta.

Licencia de Creative Commons
Un Santander Posilbe by Regino Mateo is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Based on a work at unsantanderposible.blogspot.com.